A menudo creemos que los niños nacen y les tenemos que enseñar TODO. Pues bien, yo no estoy de acuerdo con esto. Sí que considero que hay que enseñarles acciones puramente físicas y sociales (que son las que más nos marcan y nos aprisionan: qué dirá la sociedad si… no puedes hacer esto porque no está bien visto,…).

Pero hay un aspecto en el que los bebes/niños, nos ganan, me refiero a la Inteligencia Emocional.

A mi niña, siempre procuro informarla de todo lo que vamos a hace, para que tenga las mínimas sorpresas y sepa qué va a suceder. Sé que esto le da tranquilidad y le ayuda a similar mejor las emociones. Aún así, sigo pendiente de  ella en todo proceso de cambio.

Si veo que se enfada por algo, le ayudo a expresar bien sus emociones, entendiéndola, acompañándola. Nuncan riñiendo, ni mucho menos castigando (para qué?, de qué sirve?).

Los niños tienen una fuerza emocional muy grande, lo único que hay que hacer, a veces, es ayudarles a encauzarla.

Quiero compartir con vosotros dos situaciones que me han marcado con ella.

1.- Marina: 18 meses – Situación: Yo acababa de abortar mi segund@ hij@. Por lo que me tenía que quedar en casa. Su padre la acompañaba al cole y por la tarde venía mi madre a casa para darle el bañito, cena,…

Al segundo día de ver que yo me quedaba por las mañanas y no la duchaba por las noches,…empezó a comportarse de una forma rara. Me hacía desprecios y se hacía la remolona en todo.

Solución: Mamá le dice a Marina: Marina, preciosa, la mami ha tenido pupita en la barriga, me encantaría poder llevarte al cole e ir a trabajar, pero no puedo, lo entiendes? Perdóname, porque estos días no puedo estar tanto contigo, peor es que no me encuentro bien. Durante mi explicación, ella se puso con las manos detrás de la espalda, mirando hacia abajo y “haciéndose la interesante”.

Pues bien, a partir de ahí, me dio un beso enorme y no volvimos a tener más “situaciones extrañas”.

2.- Marina: 2 meses. Yo tenía un día de mucho trabajo (salí a las 8.00h y regresé a las 22,00h). Ya le había advertido que llegaría tarde y no la iría a buscar al cole. Aún así, siempre que estoy fuera por trabajo, la llamo 2-3 veces al día. Ese día, fue realmente duro y, la verdad, no llamé.

Al llegar a casa, su padre aún la tenía despierta porque la niña me quería ver, la llevé a la cama y aparentemente, bien. A la mañana siguiente, la desperté con todos los mimos que pude. Ella feliz, pero a la que le empiezo a decir, un poquito más seria, que hay que ir al cole, otra vez la remolona. No había manera de que entrara en razón. Así que, la senté a mi ladito y le dije: Marina, la mami te quiere un montón. Sé que ayer no estuve contigo en todo el día y no te llamé. Perdóname. Mira, ahora desayunas, vamos al cole y por la tarde, estaremos las dos juntas todo el rato y nos lo pasaremos genial!

Sabéis que hizo?, me dio un beso graaande! Le dije, desayunas? Entonces, me tendió los bracitos para que la cogiera a “upa” y todo volvió a la normalidad.

Estas son dos de mis experiencias más directas con la inteligencia emocional de los niños.

Por favor, no los infravaloremos, tienen mucho que enseñarnos. Tenemos que aprender a ponernos a su altura!!

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